Partiendo de la base de que soy una persona con bastante poca autoestima y fuerza de voluntad. No os costará entender mi experiencia con el esfuerzo y la superación.
Yo y la comida somos muy buenos amigos. Solo hay que echarme un vistazo. Pero que me guste mucho comer y cocinar, no significa que fuera una buena cocinera, por desgracia era un desastre. En mi familia hay muy buenas manos para la cocina: mis abuelas, mi madre, mi suegra, etc. Pero yo aunque no parase de intentarlo siempre acababa metiendo la pata, o se me quemaba o se me olvidaba echarle sal, o por el contrario me pasaba de sal y nos subía la tensión a todos. Asique mi madre prefería que me mantuviese alejada de la cocina por el bien de todos. Pero decidí que esto tenía que cambiar. Me gusta cocinar y me encantaría poder preparar los mejores platos del mundo a mi familia y amigos, como si de Arguiñano o Ferrán Adrià se tratase. Empecé a hacerme ‘’friki’’ del canal cocina, observaba a mi abuela cocinar, veía a Arguiñano, hacia recetas de internet, usaba la ''termomix'', etc. Cuando llegaba a casa intentaba lo que había visto, pero nada, volvía a fallar. Asique deje de cocinar, me rendí, llegue a pensar que no servía para esta materia, que podía tener otros muchos hobbies mas. Pero no. Yo quería cocinar, quería ser toda una chef. Preparar nuevos platos, nuevas recetas, nuevos postres… pensé, que tenía que empezar por lo básico, cocer macarrones, arroz, etc. Y la cosa no empezó tan mal. Ahora soy toda una experta en macarrones con tomate y arroz con salchichas. Con el paso del tiempo aprendía a cocinar a la plancha, y a defenderme con el aceite y los fritos, que es lo que más miedo me daba a mí, y a mi madre, claro. Pero lo que siempre he querido hacer son unas ricas costillas de exquisita salsa de miel y mostaza que prepara Conchi, la madre de Rubén. Solo de pensarlo se me cae la baba. La primera vez que las prepare, no salieron malas, estaban aceptables, pero Rubén, como no tenia que añadir que aun le faltaba mucho hasta que llegasen a ser como las de su madre. Mis padres, Sara, Marta y Rubén estuvieron invitados a mi gran evento. Salieron encantados. Pero siendo sincera, he de aceptar que aún le quedaba mucho para que se pareciesen a las de mi ‘’suegri’’. Asique, no perdí el tiempo y volví a intentarlo unas semanas más tarde. Pero la segunda vez, algo cambio, alguien tuvo que dedicar unas bonitas palabras a mis costillas. Rubén tuvo que aceptar que ya no solo era la receta de Conchi, sino que también era mía y que además la había relevado en el puesto, y que con todos mis respetos le había dado mi propio toque, y estaban alucinantes. Tan ricas me salieron esta segunda vez que, estuvieron invitados mis padres y abuelos. Mi abuela hace poco ha decidido que en Nochebuena las cenaremos, y yo por supuesto encantada, de ser la chef de mi familia.
Mi moraleja:
NINGUNA UTOPIA ES INALCANZABLE.
Ojo con la puntuación, que tienes que continuar mejorándola.
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